El Niño promete buenos rindes y complicaciones para la campaña 26/27

Con los perfiles cargados y el fantasma de la seca lejos, la provincia encara la siembra de gruesa bajo el signo de la humedad. La contracara: el peligro de las enfermedades fúngicas y el eterno drama de los caminos de tierra y la falta de piso.
Agricultura10/09/2026--
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El campo entrerriano puso en marcha las sembradoras para la campaña gruesa 2026/27 con un ojo en el lote y otro en el pronóstico Niño que por ahora amenaza más de lo que ejecuta. Tras varios ciclos donde el agua cotizó en bolsa, la llegada confirmada de El Niño promete precipitaciones por encima de la media para la primavera y el verano, una noticia que devuelve el entusiasmo al sector pero que enciende luces de alerta por el manejo de los excesos.

En gran parte de la geografía provincial, las lluvias de los últimos meses dejaron la capa arable al límite. Si bien este "piso de agua" asegura un arranque sin la angustia de esperar el chaparrón para que nazca la semilla, en varias zonas la sensación es de saturación. La falta de piso ya genera demoras para la siembra de maíz de primera y mantiene con las máquinas paradas a más de un productor en los suelos más pesados.

Desde lo estrictamente agronómico, la humedad asegurada le pone un piso alto a los rindes tanto para el maíz como para la soja. El agua no va a faltar en los momentos críticos donde se define el llenado de grano.

Sin embargo la preocupación pasa por el aspecto sanitario. La combinación de alta humedad y temperaturas en ascenso armaría un caldo de cultivo ideal para la aparición de hongos en foliares y espigas. Los asesores técnicos ya anticipan que habrá que caminar los lotes de cerca y no ahorrar en monitoreos para aplicar fungicidas a tiempo, si no se quiere regalar calidad ni kilos en la balanza.

El cuello de botella: trilla pesada y caminos destruidos

Donde más duele el pronóstico de un ciclo llovedor es en la logística. El fantasma de una cosecha "pasada por agua" preocupa tanto como la sequía: granos brotados, pérdidas por vuelco y el costo extra de mandar la producción a la secadora de las cooperativas o acopios.

A esto se suma el problema estructural de siempre: la red de caminos rurales. Con varias pasadas de lluvia continua, las huellas se vuelven intransitables, complicando la llegada de insumos a la tranquera y transformando el flete corto hacia los puertos del Paraná en un verdadero dolor de cabeza. Entre Ríos se encamina a una campaña de gran volumen, donde la diferencia entre una buena cosecha y un dolor de cabeza dependerá de la cintura de cada productor para entrar a trabajar en la ventana oportuna.

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