


Un "Ángel" sostiene el museo de la maquinaria agrícola de María Grande
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Las herramientas que abrieron surco en la región y marcaron el rumbo de la producción agrícola vuelven a encender sus motores en María Grande, en el marco de la edición 60 de la Expo de la exposición de la Sociedad Rural local. Allí, el Museo de la Maquinaria Agrícola se alista para desplegar uno de los atractivos más convocantes del predio: un parque operativo de cosechadoras, trilladoras y tractores que rescatan la historia pura del campo entrerriano.
Detrás de este trabajo de recuperación está Ángel «Nincho» De Angeli, director del museo y referente de una iniciativa que comenzó a gestarse en 2004, para los festejos del centenario de la localidad. Lo que arrancó como una propuesta de la Federación Agraria y la Sociedad Rural para homenajear a los colonos e inmigrantes, terminó transformándose en un rescate histórico sin precedentes.
Herramientas que llevaban décadas abandonadas en taperas y galpones, comidos por el óxido, pasaron por las manos de un grupo de vecinos, contratistas y productores que se pusieron la tarea al hombro para devolverles su estado original.


La colección no se limita a exhibir objetos estáticos; se trata de máquinas restauradas a sus colores de fábrica y listas para salir al lote. Entre las joyas que el público podrá ver en funcionamiento hay trilladoras de parva —como una Case y una John Deere de 1908 con correa de 38 metros—, cortitrillas tiradas por caballos y cosechadoras emblemáticas de marcas que hicieron época, como Rotania, Vassalli, Magnano, Puzzi o Forzani.
El proceso de búsqueda y restauración guarda anécdotas de todo tipo. Desde una trilladora abandonada entre los árboles en el quinto distrito de Gualeguay —que Nincho consiguió a cambio de trillarle 20 hectáreas de trigo al dueño—, hasta cosechadoras donadas desde distintos puntos de Entre Ríos y Córdoba. Cada equipo conserva la chapa, el color y el nombre de la familia o el productor que lo cedió.
Para De Angeli, esta labor tiene un sentido claro de transmisión y aprendizaje para las nuevas generaciones. «Me encanta darle vida a aquello que esté tirado y que tenga un funcionamiento», afirma sobre la tarea paciente en el taller, a la vez que define el espíritu que lo mueve: «Ser emprendedor es volcarle a las generaciones futuras todo lo que mi abuelo y mi padre me contaron, pero con hechos, mostrando la maquinaria».
Uno de los momentos más esperados en la muestra serán las demostraciones de trilla en vivo. Allí, antiguos colonos de 70 y 80 años, vestidos a la usanza de la época, toman los mandos de las máquinas para hacer salir el trigo y el lino en bolsas de arpillera, recreando incluso el tradicional parate de la tarde para compartir el mate cocido con galletas entre los presentes. Ese momento está programado para las cinco de la tarde del domingo 20.
Ese cruce entre el aprendizaje de los chicos y la emoción de los mayores convierte al museo en una parada obligada durante la muestra. Como bien sintetiza Nincho al referirse a la puesta en marcha de estas gigantes de chapa: «La nostalgia a mí me invade y me hace bien, porque es una nostalgia de muchos recuerdos lindos».








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